Acabo de descubrir, y de permitirme, el truco de fiaca. Y no es deprimente. Y no se me pasan los días ahí en la cama. Apenas un par de horas, a veces solo 15 minutos y ya arranco con la guitarra, la manguera o el teclado. Me exijo demasiado. Extraño terapia.
Me pongo contenta de hacer mis clases de flamenco, de ponerme los tacones, de leer un libro más de todos los que acumulo hace años, de escribir y escribir y seguir sacando ideas de la galera. De estar acá para ponerle agua a mis pájaritos, para levantar a Fido cuando llora, para baldear el patio cada media hora porque meo de perrito viejito, para mis hijes si necesitan cualquier cosa y menos mal que no me necesitan.
Me como mis ravioles recalentados y pienso que podría salir, irme a buscar gente, conocida o nueva. Hoy hay tertulia de CF en caba y no quiero ir, no tengo ganas, soy yo la que elijo no juntarme, no exponerme, no compartir. Entonces lo digo acá y me recompongo. Mis deditos sobre el teclado nuevo y suave me devuelven a mi centro de heroína de culo pesado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario