Es difícil pero más fácil que pensarlo. Sé cómo buscar "la ola feliz": escribir un capítulo de mi novela, dos mensajitos a gente querida, leer lo que se me canta hasta que se me canta otra cosa, tocar y cantar flamenco, a veces hasta bailarlo, tejer a dos agujas para mí o para mijita, a crochet para nieta nueva, sentarme al solcito, sacar yuyos, pasar la mano por los brotes nuevos de mis plantas y sacar las hojitas viejas, comer gelatina de colores, tomar mate. Ayer también me compré unas cubeteras para hielo en el chino.
jueves, 31 de julio de 2025
miércoles, 23 de julio de 2025
Qué difícil se me hace
Quedarme quieta en la felicidad. Me cuesta no encontrar algo para preocuparme, algún miedo que atender, sean perris, frío, guita que no alcanza, malas contestaciones o recuerdos perdidos. Al pedo. Me tengo a mí misma cortita, pero qué energía gasto. ¿Por qué no me es natural estar feliz y festejar y punto?
lunes, 21 de julio de 2025
Cada más mejor sola
Ya casi ni necesito contarle a nadie lo que hago o dejo de hacer. No doy explicaciones, no pido disculpas, no me justifico, no comparto. Y lo mío vale por sí mismo y para mí sola.
martes, 8 de julio de 2025
Uniendo cabos vitales
Me avivo ahora, con la publicación de La cantadora y Lírica monstruosa, que mi temita de los cuentos de hadas, tan presente siempre en todos mis libros, me viene directo de mis primeras escenas lectoras: mi mamá me dijo que ya estaba "grande para cuentos de hadas" a las 8 o 9. Y me dio para leer Todos los hombres son mortales de Simone de Beauvoir. Ahora estoy leyendo esa novela en francés y no puedo entender el gesto materno. ¿Era yo un monstruo lector? ¿O ella? ¿O ella quería hacer de mí un monstruo lector? Pero después no se bancó el resultado, digo, la criatura, je. Ella no había leído Frankestein.
Leo la novela de Simone y encuentro cosas que me han atravesado toda la vida. La soledad, el miedo a no existir, los objetos de la casa como testigos de una vida, el amor como eternidad. Qué loco.
Uno de mis cuentos "Les mágiques" incluye poemas de mis primeros: Construyo un tempplo, La vida danza. Me los acuerdo con mi vida en la pieza de la calle Montevideo, la que mis viejes construyeron para mí a mis 17. Pobres, debían soñar con que pasara ahí toda mi adolescencia y juventud universitaria. Y yo como mala hija jajaja me fui a la mierda a los 19. A vivir a un cuchitril que, ahora lo entiendo, les insultaba tremendamente la entrega de espacio familiar y condiciones de comodidad. ¿Por qué no entendían que lo que menos quería yo era comodidad?
Nunca haber hecho fiaca
Me despierto tan chotamente relajada a la mañana, viendo la ventana que amanece o que ya es mediodía. Hoy neblina pero no el frío mortal que estaba haciendo hace dos días.
Pienso que mi mamá nunca en su vida estuvo así al pedo, haciendo nada. Además de que no llegó a jubilarse, tenía esa cosa que a mí tanto me jode del deber, del hacer, de lo útil. Y el marido rompiendo los huevos. "Te gusta meditar la panza arriba en la catrera y oir las campanadas del reloj de Balvanera", me recitaba mi viejo cuando era adolescente y me quedaba en la cama hasta ¿Las 9 de la mañana un domingo?
Ni eso hacía mi vieja, mi viejo tampoco obvio, impensable. Nunca quedarse rascándose. Los domingos tampoco. Había que limpiar y hacer asado y aprovechar el día para qué sé yo. Qué manía, pobres.




