martes, 28 de abril de 2026

Ser responsable es cosechar consecuencias

 Si a une le encomiendan una tarea, o una imagen, un rol, pero no le dejan cosechar sus resultados, ni buenos ni malos, nunca ser el centro de la acción, de lo que una hizo y por eso consiguió tal cosa, sino siempre desviando, sosteniendo mal, poniendo red o freno.

Mis hijes han sido responsables, yo les he dado sus lugares y a veces creo haberles sobrecargado. Pero jamás me privé de premiar esos esfuerzos, esos intentos más allá de algún logro final o parcial, premiar el estar, el bancar. Mis hijes se quejan de exceso de baba, no de exceso de exigencia. Veo en elles el orgullo de "Esto lo hice yo, esto lo hice sole" o "Esta cagada es mía, esto lo hago a mi manera". Me acuerdo de sus manías de limpiar la casa cuando estaban soles, sin que yo les estuviera mirando ni cuando yo se los pedía.

(Me explico a mí misma ante mi temor a haber repetido exigencia de responsabilidades)

Yo jamás limpié la casa, ni cuidé a mis hermanes bajo mi propio cargo ni modo. Siempre estuve puesta en el lugar de estatua, de modelo a seguir pero sin utilidad, sin consecuencias propias, personales, mías, únicas, un rol enorme que no se llenaba con acciones, ni errores, ni aciertos, mi premios. Solo el castigo de no ser buena para ese lugar.

Responsable pero inútil

 Haberme dado la responsabilidad, la obligación de ser buena, de ser un buen ejemplo, de ser la más grande, pero nunca ningún premio por haberlo hecho bien, o peor, la idea de que no supe hacerlo. "Sos una inútil", "Dejá que mejor lo hago yo", "Me da más trabajo enseñarte que hacerlo yo sola". Encomendarme algo para convencerme de que no puedo hacerlo, nunca confiar en qué sí puedo o premiar el intento. Y seguir intentando para seguir confirmando que lo hago mal.

sábado, 25 de abril de 2026

Qué sueño

 Anoche soñé que venía Gustavo y me decía, no sé a título de qué porque no nos veíamos ni hablábamos hace mil años, que estaba contento porque estaba viviendo con su amor XX (no me acuerdo el nombre) y me decía un nombre de varón. Yo sentía que se confirmaba lo que yo siempre le decía, su misoginia y su homoerotismo reprimido, pero me sentía traicionada, como "cambiada" por otro. Digo yo: ¿Cuánto tiempo más metiendo a este tipo de referencia en mi vida, de objeto o de sujeto, de existencia siquiera? Bueno, por ahí no tengo que dramatizar y soñar con él no quiere decir que todavía me importe o que necesite solucionar algo por ese lado.

El sueño seguía. Estábamos sentades a una mesa grande, tipo tablón y caballetes, a fuera. Yo le decía que se habían muerto dos de mis perros, con esa manía que yo tenía de contarle cosas mías incluso mucho tiempo después de separades como si necesitara su aprobación o su complicidad o no sé qué. Él me decía "Pobre, Fido" y yo le decía que Fido seguía vivo, los muertos eran el de mi primo y no sé cuál más. Ahí aparecía en el sueño que yo estaba viviendo en la casa de mi tía Silvia, la que estaba al lado de lo de mis viejes, donde vivimos Julián y yo soles a sus tres años. Le decía a Gustavo que habíamos arreglado todo para tener mis hermanes la casa de mis viejes y mis hijes y yo la de la tía, la veía enorme, toda mía como siento ahora mi casa actual.

Después yo pensaba en él viviendo en esa cueva que tiene por garage, sucio, oscuro, metido ahí con un tipo. Decía que me iba. Había algo quemándose, algo en la parrilla que yo me había olvidado de apagar. Yo agarraba una pala e iba al fondo (era ahora el fondo de esta casa) y estaba todo inundado de agua, hecho lagunas y yo buscaba un lugar donde enterrar algo, más chico que un perro. ¿Un gato o mi amor viejo y enfermo?

En otra parte volvía donde estaba G y me le sentaba al lado y pasaba su brazo por encima de mi hombro. El abrazo me hacía sentir cómoda y protegida, era tierno, una sensación que he conocido mucho pero nunca entendí. ¿Por qué ese abrazo sería reconfortante si lo construyo yo sola, si él es el que me hizo más daño en la vida y jamás me protegió de nada? No hay más nada que recuerde. Lo hablaré en terapia.

viernes, 3 de abril de 2026

Por qué detesto tan fuerte a gente que mis hijes dicen que se me parece

 Es que deberían entenderme, entendernos, compartir, acompañarnos. Y en cambio vuelven banal y redundante, vacía, idiota, toda la experiencia que a mí me conmueve.

Para mis hijes

 Soy material disponible. No tengo que decidir nada ahí. Soy su pasado y la base constante de la que ni conciencia se tiene. Y está muy bien. Buscan lo desconocido, lo que no han tenido, otra cosa. 

No le culpo

 Alguien elije alejarse de mis epifanías, mis manías vegetales, mis deslumbramientos con palabras y cantes. Elije el asado con hueso, el vino tinto, la rutina, el chusmerío, la queja contra la humedad.