Si a une le encomiendan una tarea, o una imagen, un rol, pero no le dejan cosechar sus resultados, ni buenos ni malos, nunca ser el centro de la acción, de lo que una hizo y por eso consiguió tal cosa, sino siempre desviando, sosteniendo mal, poniendo red o freno.
Mis hijes han sido responsables, yo les he dado sus lugares y a veces creo haberles sobrecargado. Pero jamás me privé de premiar esos esfuerzos, esos intentos más allá de algún logro final o parcial, premiar el estar, el bancar. Mis hijes se quejan de exceso de baba, no de exceso de exigencia. Veo en elles el orgullo de "Esto lo hice yo, esto lo hice sole" o "Esta cagada es mía, esto lo hago a mi manera". Me acuerdo de sus manías de limpiar la casa cuando estaban soles, sin que yo les estuviera mirando ni cuando yo se los pedía.
(Me explico a mí misma ante mi temor a haber repetido exigencia de responsabilidades)
Yo jamás limpié la casa, ni cuidé a mis hermanes bajo mi propio cargo ni modo. Siempre estuve puesta en el lugar de estatua, de modelo a seguir pero sin utilidad, sin consecuencias propias, personales, mías, únicas, un rol enorme que no se llenaba con acciones, ni errores, ni aciertos, mi premios. Solo el castigo de no ser buena para ese lugar.
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