Me acabo de dar cuenta de qué sí puedo bailar flamenco. Que es algo mío, que hago yo, por mí y para mí. Y dejarme de quejar porque vienen las muestras, y lo que yo hago no es para ver y qué verguenza y no me acuerdo la coreo. Me di cuenta de que ninguna de mis cumpas ni profe hace todo perfecto antes de mostrarlo, que se puede hacer y seguir haciendo y apoyarse en las demás en vez de avergonzarse y sentir que es una estafa estar ahí con esta cuerpa renga y torpe.
Qué felicidad. El 7 cante por fandangos y el 14 bailo por tientos y estilizada con castañuelas. Y la semana que viene pienso dedicarla a ir a todos los ensayos en saenz peña y en villa domínico y disfrutarlos de verdad. Porque siempre quise hacer esto y no sé cómo llegué a estarme quejando de pelotudeces como estar cansada del tren o no poner viajar tres horas por una hora de clase. Sí que puedo.
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