martes, 8 de julio de 2025

Uniendo cabos vitales

 Me avivo ahora, con la publicación de La cantadora y Lírica monstruosa, que mi temita de los cuentos de hadas, tan presente siempre en todos mis libros, me viene directo de mis primeras escenas lectoras: mi mamá me dijo que ya estaba "grande para cuentos de hadas" a las 8 o 9. Y me dio para leer Todos los hombres son mortales de Simone de Beauvoir. Ahora estoy leyendo esa novela en francés y no puedo entender el gesto materno. ¿Era yo un monstruo lector? ¿O ella? ¿O ella quería hacer de mí un monstruo lector? Pero después no se bancó el resultado, digo, la criatura, je. Ella no había leído Frankestein.

Leo la novela de Simone y encuentro cosas que me han atravesado toda la vida. La soledad, el miedo a no existir, los objetos de la casa como testigos de una vida, el amor como eternidad. Qué loco.

Uno de mis cuentos "Les mágiques" incluye poemas de mis primeros: Construyo un tempplo, La vida danza. Me los acuerdo con mi vida en la pieza de la calle Montevideo, la que mis viejes construyeron para mí a mis 17. Pobres, debían soñar con que pasara ahí toda mi adolescencia y juventud universitaria. Y yo como mala hija jajaja me fui a la mierda a los 19. A vivir a un cuchitril que, ahora lo entiendo, les insultaba tremendamente la entrega de espacio familiar y condiciones de comodidad. ¿Por qué no entendían que lo que menos quería yo era comodidad?

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